Estuve en la calle algunas horas, en una reunión en las oficinas de la Feria Internacional del Libro de Santo Domingo, donde me tocará coordinar uno de los espacios temáticos. Por allá me agarró la lluvia, y hasta me enchumbé los zapatos, tuve que venir en taxi a casa. Cuando llegué a casa, ya bajo la calma que queda luego de un gran aguacero, me dio por mirar por la ventana. Suspiré y recordé lo mucho que me gusta donde vivo. La calle estaba tranquila, limpia, el viento era agradable y suave, y olía, por un minuto, a felicidad. Sentí repentinamente paz. También recordé a mi primo Christian, me dieron deseos de estar compartiendo con él, aquí o en NY... Ese corto momento fue como si en el cielo estuviera reflejado el color de la nostalgia, pero esta vez no era una nostalgia triste, era un sentimiento de satisfacción, de amor, de extrañar, de tener la oportunidad de sentir, de tener gente especial en mi mundo y la certeza de que, por más que la vida pone pruebas y situaciones ...
(o diario de una vida intensa)