Tercera aventura: Colombia/ México/ Nueva York (2003)
Mi segunda visita a México fue en 2003, luego de haber vivido en Colombia por un mes. Fue el año donde perdí a mi abuela paterna, Mamá Rebeca. Fue la primera vez que alguien tan cercano para mi se había ido a la otra dimensión. Ese año trabajé en mi país en algunos proyectos culturales y puntuales por varios meses, ahorré y en julio me fui a la aventura.
A Bogotá llegué por diversas razones, conocí gente muy linda y aproveché para tomar un curso de "Guión para series de larga duración en TV" en la Universidad Nacional de Colombia, o "La Nacho" como les dicen los colombianos. Duré todo un mes viviendo allí donde usé transporte púbico, comí en comedores populares, visité restaurantes y plazas comerciales, vi obras de Botero en plena calle, conocí museos, ferias artesanales... me enamoré, lloré, me ilusioné y mil cosas más.
De Bogotá me fascinó, su clima, su verdor, su modernidad y sus pequeñas ciudades coloniales, como Usaquén y la Candelaria. Fue en la primera ciudad que vi una "ciclovía" -un espacio reservado solo para ciclistas-, además me parecieron impresionantes sus plazas, museos y avenidas.
En Bucaramanga (a 8 horas de Bogotá en autobús) solo pasé dos días, y algo curioso es que, a pesar de ser una ciudad sin mar, por momentos se me parecía a Santo Domingo, la sentí ligeramente más caribeña (y calurosa) y tenía la impresión a cada rato de que me toparía con el mar.
Volvamos a México
Luego de un mes en Colombia, me fui directo a México, en esta ocasión me acogieron una pareja de muy buenos amigos con quienes aún conservo contacto cercano. Más que amigos, se convirtieron por un largo tiempo en padres, hermanos, tutores, mentores en muchos aspectos de mi vida. En esa estadía duré seis meses en ese país, donde trabajé en una empresa de sistemas para ayudar con mis gastos; comencé a interesarme por el budismo, leí por primera vez a Alejandro Jodorowski, vi películas de David Cronemberg, Woody Allen, David Lynch, entre otros directores de ese tipo.
También recibí de visita a una amiga dominicana que curiosamente a partir de ese momento se enamoró en México y de México y allá vive hace más de diez años. Conocí Villa Hermosa (en Tabasco), hice rafting en Veracruz (aún sin saber nadar), conocí las ruinas Mayas en Palenque (Chiapas), volví a Puebla, fui a fiestas electrónicas y... entre tantas cosas, aprendí un poco más de ese hermoso país.
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Mi amiga Adriana y yo, recibiendo informaciones sobre las pirámides mayas nuestra espalda. Palenque, Chiapas. 2003. |
Un año en México...
Del 2005 a 2006 viví en México nuevamente. Esa vez iba por lo definitivo, siempre me quedó la espinita de quedarme en ese país (creo que se ha notado en toda esta breve reseña), y esta vez me fui en serio a la aventura, quería hacer mi vida allí. Pero sólo duré un año. Un año que parecieron varios. Mucha intensidad: no tener qué comer en algunos momentos, trabajar en dos lugares que nada que ver conmigo pero donde aprendí mucho, celebrar mis 26 años en Plaza Garibaldi con música de mariachi casi al amanecer, intentar el amor un sinnúmero de veces y decepcionarme ese mismo número de veces; un viaje a Acapulco para regresar el mismo día, hacerme muy amiga del señor José Antonio, un señor ciego que podía ser mi padre y que me acogió como una hija; tener de vecina a una brasileña loquísima que -gracias a Facebook estamos en contacto- aún me dice que me extraña y a quien le tengo mucho cariño; pagar renta, vivir con roommates (3 franceses chulísimos) tener permiso de trabajo en México, quedarme sin trabajo, asustarme, regresar a mi país...
Dicen que todo sucede por algo, yo aún me pregunto qué habría pasado si no me asusto y me quedo dando la batalla allí y viendo qué me deparaba la vida. Sin embargo, también regresar ha tenido sentido: le he dado un camino a mi vida profesional, he encontrado el amor (y ese amor ha mutado), he publicado varios libros. Y sigo buscando el sentido de mi vida, combatiendo nuevos miedos, y preparada para seguir viajando, conociendo, viviendo, ahora con una nueva perspectiva y... abierta a lo que la vida me depare.
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